Julio 1 de 1520
jueves
junio 18 09
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jorgeozorno
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ENI

«Radio Tenochtitlán» interrumpía sus transmisiones para anunciar a la sociedad azteca la presencia de un «virus» que traían los soldados españoles de Hernán Cortés en su intento de conquistar al imperio Azteca. El vocero del Tlatoani insistía que se trataba de un virus novedoso y mortal que en 14 días produciría no sólo dolores de cabeza y cuerpo, tos aguda y ámpulas deformantes, sino la muerte misma. Las proyecciones del secretario de salud le indicaron a Moctezuma que, de no tomar las medidas preventivas en menos de tres años, morirían hasta tres millones de ciudadanos, entre Mexicas, Tlaxcaltecas, Cholutecas y Tarascos, y que podría extenderse hasta los dominios del sur donde habitaban los supervivientes de lo que habían sido las ciudades-estado de los mayas.

Moctezuma estaba convencido de que una buena negociación podría impedir que los españoles se apoderaran de los bastos territorios conquistados con inmensos sacrificios y guerras floridas, pero no estaba dispuesto a que una epidemia del virus humano devastara al imperio mexicano; una crisis epidemiológica sería catastrófica para la economía del imperio.

La simple idea de la epidemia generaba una atmósfera especial en la ciudad de 250,000 habitantes que se organizaba alrededor de un islote central y cuatro calzadas de acceso, enmarcada por volcanes y lagos: el ápex del urbanismo. Pericles, ese griego del siglo IV a.C.,  hubiera dicho de Tenochtitlán que era una de las ciudades más bellas de la Tierra. Los aztecas habían separado las aguas saladas de las dulces y con el sistema de chinampas sentaron las bases del cultivo orgánico, tan de moda en el siglo XXI. La ciudad había heredado de sus antepasados toltecas y mayas los secretos de la construcción de los espacios abiertos con orientaciones perfectas y detalles simpáticos como el descenso de la serpiente en la pirámide de Chichen, pero eso había pasado hacía más de 700 años.

El fantasma de la gripa puerca aterrorizó al gobierno de Moctezuma y por eso se decretaba inmediatamente el cierre del Mercado de Tlaltelolco, que recibía más de 50,000 personas diariamente. Los «martes de plaza» servían para promover los artículos mas exóticos de su tiempo: chocolates en todas sus formas, tinta de cochinilla, jitomates y chiles de todo tipo. Los Calmecas, Cuicacallis y espacios religiosos deberían asimismo interrumpir sus actividades y los ciudadanos deberían portar tapabocas y guantes amén de aprender a estornudar tapando la boca con el ángulo del codo.

La noche anterior (el 30 de junio de 1520) los medios de comunicación masiva habían transmitido varios programas de cultura general a la vez que la ciudad se defendía de sus agresores españoles, entre quienes estaba Francisco de Baguia, portador del virus de la viruela.

El canal de los descubrimientos (Discovery) presentaba la semblanza del último año en el continente europeo, Fernando de Magallanes había zarpado en la Trinidad para circunnavegar la Tierra por primera vez en las expediciones de expansión del Reino de Castilla y Aragón, tal y como lo hiciera Yuri Gagarin en 1961, a bordo del Vostok 1 para orbitar la Tierra por primera vez.

En la costanera del Guadalquivir, las esposas despedían a sus marineros como ahora lo hacen las de los astronautas en Cabo Kennedy: promesas y bendiciones de quien parte a lo desconocido. Las tiendas sevillanas vendían los astrolabios (hoy GPS) y Biblias recién impresas en los talleres de Gutenberg (una especie de i-book), y más importante aún era la venta de arcabuces y ballestas, las más adelantadas de su tiempo. En los ranchos de la mancha, se criaban caballos árabes de más de 700 kilogramos que, junto con sus jinetes, eran tan poderosos como los tanques de guerra que ahora vemos en Irak.

El programa incluía noticias variadas; en Amboise, Francia, Leonardo Da Vinci moría mientras dibujaba en sus cuadernos los planos del helicóptero, el submarino y el automóvil. En ese año murieron también Catalina de Medici y Lucrecia Borgia, la hija del Papa Alejandro VI.

En Ciudad del Vaticano, tan sólo 15 días antes –el 15 de junio de 1520– el Papa Leo X, nieto del Papa Inocencio VIII, presentaba la Bula en la que respondía a las 95 tesis de Martín Lutero.

El programa en alta definición presentaba extraordinarias imágenes de Uxmal; templos, observatorios y centros deportivos que habían sido abandonados hacía más de 700 años y enterrados con ellos las proezas astronómicas y matemáticas de su tiempo. Quedaban en esas tierras solamente los vestigios de una civilización que hasta la fecha se desconocen las causas de su desaparición. Los palacios, acueductos y estelas habían quedado cubiertos por una espesa jungla. Cientos de años después, Octavio Paz diría que sucumbieron no sólo por su inferioridad tecnológica, sino por su soledad histórica.

La telenovela de la temporada estaba basada en la novela de Federico Andahazi, quien había ganado el Premio Planeta con su obra intitulada El Conquistador, que describía las proezas de Quetza, el hijo de Tenochtitlán, quien descubriera para los aztecas el nuevo continente, Europa.

Pero mientras los medios transmitían los programas de cultura y entretenimiento, la Calzada de Tacuba era escenario del triunfo de la armada azteca; los españoles corrían horrorizados por los certeros flechazos y pedradas de los capitalinos, el tesoro robado por Cortés se desparramaba a lo largo de la calzada para quedar enterrado para siempre en el fango salitroso del islote, los soldados aztecas habían logrado vencer a un bastión del ejército más poderoso del mundo. De  las batallas subsecuentes que se perdieron, sólo sobrevivirá la «Revancha de Moctezuma».

Por eso, cuando al día siguiente empezaron los trabajos de limpia y recolección de cadáveres, españoles, burócratas y voluntarios lo hicieron siguiendo las instrucciones de la Secretaría de Salud. Fue así como se impidió que el virus portado por el esclavo Baguia y otros españoles se esparciera entre la población azteca. ¡No morirá el 40% de la población azteca!, dijo el Tlatoani.

Los semáforos sanitarios habían cambiado de verde pasto a rojo viruela, el gobierno no disponía de vacunas ni la herbolaria indicada para matar al virus, por lo que era indispensable evitar el contagio. El alcalde de la ciudad había decretado la suspensión de clases en los calmecas públicos y de paga y todos los calpullis habían cerrado sus puertas y postergado clases indefinidamente. Solamente se permitía la venta de comida para llevar en los locales que estaban en Tacuba y Calzada de Tlalpan. El ejército había empezado a distribuir tapabocas, que eran una versión más pequeña de los taparrabos que usaban los ciudadanos.

Se habían cerrado los juegos de pelota y las ceremonias religiosas en los templos de la Cuatlicue y la Tonantzin habían sido suspendidas; nobles y macehuales obedecerían las recomendaciones del Tlatoani. Banquetes de bodas y bautizos tendrían que observar la norma de sentar a los comensales separados por tres metros de distancia.

La alerta se había propagado inmediatamente y algunos estados vecinos dejaron de enviar a sus tamemes por temor al contagio, los tarascos suspendieron sus remesas de pescado blanco de Pátzcuaro y, por una temporada, la nieve del Popocatépetl no llegó para preparar los raspados de tamarindo que tanto le gustaban a la princesa Tecuichpo, hija de Moctezuma.

Hernán Cortés fue hecho prisionero de Cuitlahuac y se casó con la hija de Moctezuma, con quien procreó a Leonor Cortés Moctezuma; sus descendientes, los condes de Miravalle, viven ahora en Granada y no fue sino hasta 1932 que dejaron de recibir la pensión equivalente a 30,000 euros anuales como tributo al correcto manejo de la crisis sanitaria del primero de julio de 1520.

A Cuitlahuac le sucedió Cuauhtémoc, quien después del alboroto adoptó de inmediato el uso de la rueda y del arco. Surgieron así los nuevos rascacielos de Tenochtitlán, muy a la manera de la catedral de Notre Dame en París y del Palacio del Escorial en Madrid; con el uso de las arcadas, las pirámides cedieron su paso a las construcciones portaladas de varios niveles y a las torres de una nueva iglesia con campanarios de oro y plata, gracias a la extracción de millones de toneladas de esos minerales en las minas de Zacatecas y Guanajuato.

La historia es caprichosa y, a pesar de la victoria azteca, los seguidores de Huitzilopochtli nunca imaginaron que la armada inglesa vencería a la española al final del siglo XVI y que los ingleses se apoderarían primero del Norte de América y después del resto. De todos es conocimiento que mataron a casi todos los indígenas, establecieron el protestantismo y un sistema de leyes de conciencia moderna que antecedió a la Revolución Francesa para dar paso a la primera democracia de los tiempos recientes. Todos los que habitamos esta parte de América, ahora ya liberada de sus colonos, hablamos inglés, un mestizaje lento pero seguro. A los indios sobrevivientes los organizaron en reservaciones y ahora ellos tienen los mejores casinos de la costa pacífica y del Caribe mexicano.


Categorias: ENI  |   |  Comentarios [3]
miércoles
junio 24 09
Comentario de Cuahutleco
Muy ingenioso y nostálgico...
jueves
junio 25 09
Comentario de HAL
Bien entretenido. Me hace pensar que no hemos recuperado el derecho a sentirnos auténticos.
domingo
junio 28 09
Comentario de Eduardo
Los indígenas, a su vez, regalaron a los conquistadores dos plagas: el vicio de fumar y la sífilis, que era endémica entre ellos.
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