| Obsesiones | |
Obsesión 1. Los nombres de las poblaciones, comunidades y municipios de México siguen algunos patrones (fonéticos y morfológicos sobre todo) y eso se aprecia mucho más cuando al ir por la carretera se leen uno tras otro. Por la zona de Michoachán todo es –aro (Pátzcuaro, Tacámbaro, Carácuaro, Copándaro, Erongaríguaro); entre Hidalgo y el Estado de México todo es –pan (Actopan, Huichapan, Ixmiquilman). Aún dentro de un mismo estado hay similitudes por zonas, por municipios. En Querétaro entre Cadereyta y San Joaquín todo es Yexthó, Taxidó. Conclusión: lo que se lee en los letreros de tránsito federal son restos de idiomas olvidados. |
junio 29 09
Me encantó este post. Sobre todo la obsesión 2. En mi opinión, la acentuación del idioma francés muchas veces tiene una lógica mucho más clara y realmente justificada en cuanto a su aplicación y formas de uso. La cuestión del acento circunflejo viene precisamente a sustituir una letra que ha sido devorada por el propio idioma. Pero al ser devorada no quiere decir que ha caído en el olvido. Ese «petit chapeau» hace del francés un idioma no sólo de claro antecedente romance, sino también una lengua estética. (En mi opinión claro está). Por otra parte, me encanta tu obsesión 4. No es cuestión de ser malinchistas y atacar nuestro propio idioma. Sin embargo, no podemos negar que ciertas palabras en otras lenguas muchas veces plasman y proyectan de una manera más clara el mensaje que buscamos dar. Excelente post.
junio 30 09
¡Qué bien no ser la única obsesiva! El tema del circumflex está en mi cabeza desde hace más de un año. El de los letreros desde que aprendí a leer y esos nombres me confundían. El link de la palabra extremista lleva a un clip de YouTube de una película de Herzog sobre la Antártica que me conmovió al ver a un hombre que pretende hacer crecer lo verde en donde sólo hay blanco y que habla de su fracaso en el intento de salvar lenguas en agonía. La pretensión de ser precisa en el lenguaje, además de buscar sinónimos, me llevan a buscar equivalentes. La obsesión por el idioma, concluyo una vez más, es una admiración profunda por el hombre y su intelecto.

