Pareja cincuenta y siete
martes
abril 14 09
Publicado por
JZA
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Se dice que todas las historias tienen música propia. Ésta, se baila al son del huapango. Dicen también —quizá con justa razón— que lo nombrado no se olvida. Hoy he decidido nombrar a la pareja 57.

 

De Diana P. y Jaime A. sé realmente poco, pero lo suficiente para desear recordarlos. Deben tener alrededor de seis años. Lo seguro es que participaron en el XL Concurso Nacional de Baile de Huapango Huasteco, en San Joaquín, Querétaro: la catedral del huapango.

 

Asistí por primera vez al evento con las apuestas en contra de aquellos que creyeron que no resistiría ni las curvas, ni la espera, ni las condiciones. Para ellos, en cambio, era por lo menos la segunda y tenían ya en su haber, un primer lugar de su categoría. Eso lo supe más tarde, cuando ya había sido testigo de su increíble talento y esta información no hizo más que corroborar lo que era evidente al verlos bailar. Supe también más tarde, demasiado tarde, cuando afirmarlo era inevitablemente redundante, que habían vencido nuevamente, ahora en estilo queretano.

 

La noche del primer día del Concurso, me cautivó la pareja 57. Me gustaron también la 21 y la 39, aunque no tanto. Desde la última fila de gradas, intenté capturar con mi cámara, su esencia, la gracia, la enervante facilidad con que realizaban los movimientos y se adueñaban del tablado, de los corazones, de los aficionados y no tanto, todos los sentmientos que me provocaba verlos bailar. Captar ese momento sublime, perfecto, en el que sólo existían el trío huasteco —los Hidalguenses o quizá los Huapangueros Diferentes— interpretando la melodía y ellos bailándola, con el aspecto de quien hace la cosa más hermosa de su vida. 

 

El intento fue en vano. 

 

A nadie sorprendió verlos al día siguiente en la ronda de los finalistas. El espectáculo me pareció más bello, probablemente por la luz del día. La buena fortuna quiso que presenciara los ensayos, espontáneos, tan perfectos y naturales como la ejecución final. La primera nota de huapango les pone los pies a zapatear, las manos a alzar la falda o el sombrero, los labios a sonreír y —seguramente— el corazón a vibrar; así fuera ensayo o presentación de competencia ante público y jurado.

 

Hoy hice un segundo y último intento.


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