Vania sale en busca de algo adecuado
jueves
diciembre 17 09
Publicado por
EdelaGdelaR
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Con delicadeza, pero también con cierta dureza, es preciso abordar la historia de cuando Vania se paseó por las calles del Centro Histórico buscando algo adecuado.

 

Vania, he de decirlo a destajo, es una mujer singular. ¡Bueno, bueno!, pero ¿qué clase de mujer singular? ¿Qué edad tiene, de dónde es? Eso no lo sé. La he visto pasearse por Querétaro, nada más. Bueno, eso ya es algo, muy bien, muy bien, tres bien. Pero ve un poco más allá, ¿por qué se pasea? ¿qué busca? ¿qué quiere? Hum, eso no lo sabe ni ella misma exactamente. No quiere mucho, sólo algo adecuado.

 

Extraviada, perdida en el ancho mundo estaba esta mujer. ¿Sí? ¿Perdida? ¡Ah, extraviada! Dios santo, dónde irá a parar esta pobre mujer. Todo el mundo le miraba inquisitivamente, y ella a todo el mundo. Así que iba andando ligera y alterada, con pasos vacilantes y atractivos, y los colegiales se le acercaban corriendo, se burlaban de ella y le preguntaban: ¿qué buscas, Vania? Y ella no buscaba mucho, tan sólo lo adecuado.

 

Esperaba con el tiempo encontrar lo adecuado. «¡Ya llegará!», murmuraba entre su desgreñado cabello negro. El cabello de Vania era hirsuto. ¿Cómo, cómo? ¿Hirsuto? ¡Sessa! ¡Voilá! Estupendo, ¡de veras! ¡Muy interesante! Y así de golpe y porrazo, se encontró delante de la Casa Consistorial, que queda por ahí, en Hidalgo. «No estoy para ayudas ni consejos», se dijo, y como a su entender no se le había perdido nada en la Casa Consistorial, siguió andando.

 

Pasó por la Casa de Beneficencia, que queda en 16 de Septiembre, pero pensó que, aunque era pobre, no le correspondía. Un rato después llegó de modo inopinado al Edificio de Bomberos. «¡No hay nada ardiendo!», masculló, y siguió andando.

 

Unos pasos más allá, llegó a la Casa de Empeños. «No tengo nada que empeñar en este ancho mundo de Dios», y un breve trecho más allá a la Casa de Baños. «¡No necesito bañarme!». Cuando después de un tiempo llegó al Edificio de las Escuelas, se dijo: «los tiempos en que acudía a la escuela han pasado», y siguió andando con vehemencia mientras sacudía su peculiar cabeza.

 

Así, no mucho más tarde, Vania se encontró delante de un edificio grande y tenebroso. Era el Establecimiento Penitenciario. «No merezco castigo, merezco otra cosa», y siguió caminando hasta que de pronto alcanzó otra casa, exactamente la Casa de Socorro, ante la cual dijo: «No estoy enferma; estoy de otra manera». Vacilante, siguió andando; claro y resplandeciente era el día, brillaba el sol y las hermosas calles estaban llenas de gente, y hacía un tiempo despejado y bonancible, pero Vania no reparaba en la bondad del tiempo.

 

Después, la perdí. ¿Cómo, cómo? ¿La perdiste? ¡Pero por qué la perdiste! ¿A dónde se fue? ¿A dónde? No lo sé, la perdí.

 

Dicen que frente a la Casa de Comercio dijo «no compro ni vendo nada»; frente a la Casa de Citas, «por ahora, se me han ido las ganas y la alegría». Algunos abogados que comían sus gorditas frente al Edificio de Juzgado la escucharon musitar «no necesito juez alguno, necesito otra cosa». Seguro, ante el Edificio del Matadero, pensó «yo no soy matarife». Y llegando a la Casa de Dios, siguió andando sin decir palabra.

 

Tengo la impresión de estar fantaseando aquí de lo lindo, y espero hallar indulgencia. Pero primero, ayúdenme a encontrar a Vania.

 

 

*He de mencionar que Vania y su humilde cronista no serían nada si no pudieran leer de vez en vez a Robert Walser.


Categorias: Vania  |   |  Comentarios [1]
lunes
diciembre 21 09
Comentario de P
Este es un gran post. Y como Vania, yo busco lo adecuado.
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