| Yo también soy mexicano y soy caminante | |
B: ¿No tienes auto? Z: No. Nunca he tenido un auto y tal vez nunca tenga uno.
B: ¿Nunca... nunca? Z: Nunca.
B: ¿Poooooooooor? Z: Tres razones principales: conducir implica mucha responsabilidad, mantener un auto es muy costoso y no tener auto me permite tener más paz y tranquilidad.
B: ¿Pero, cómo le haces, cómo vas a todos lados? Z: El 90% lo hago caminando. El otro 10%, en transporte público o con amigos.
B: ¿El 90% caminando? Z: Sí. Es una de las ventajas del Centro: casi todo se encuentra aquí; es una colonia de verdad. Tienes el mercado, la panadería, las tienditas, bares, restaurantes, calles para pasear, bancos, oficinas para hacer trámites, museos, algunos cines, en fin, aquí está casi todo. Ah, y el súper a veces lo pido por teléfono.
B: Eso es algo limitante, ¿no? Es decir, sí puedes moverte a todos lados pero estás limitado geográficamente. No puedes caminar a una zona en otro extremo de la ciudad, por ejemplo; sería impráctico o incluso inviable. Z: Es la edición que he decidido hacer de mi cotidianidad. Y me gusta. Es totalmente práctica.
B: ¿Y antes? ¿Cómo ha sido antes? No siempre has vivido en el Centro, ¿o sí? Z: No. He vivido en 16 casas en cinco distintas ciudades. Pero siempre encuentro primero algo qué hacer (un trabajo) y después busco dónde vivir, siempre cerca del lugar en donde voy a desarrollar mi actividad principal. Esto me ha permitido nunca tener auto.
B: ¿Pero sí sabes manejar? Z: Sé lo básico. Aprendí a manejar tractores cuando era niño. En los últimos diez años he conducido como seis veces, nada más. La última vez, un pedacito de carretera entre Chichén Itzá e Izamal, pero nuestro auto era el único en la carretera, por eso me animé.
B: ¿No es raro para ti o para los demás vivir así? Z: El auto está totalmente sobrevaluado. Cuando les digo a mis amigos que caminé de tal lado a tal lado, se asustan muchísimo, me dicen que estoy loco; tal vez les dé un poco de lástima —aunque eso no me lo dicen. Pero cuando les digo que me tomó veinte minutos hacer ese trayecto, su expresión cambia, pues a ellos, en auto, les tomó doce o quince, por decir. Las distancias en auto parecen mucho más largas de lo que son.
B: ¿Tienes un trayecto favorito? Z: Últimamente me ha gustado mucho caminar de la esquina de Zaragoza y Altamirano (o Zaragoza y Río de la Loza) hasta la casa. O sea, caminar todo Altamirano (o todo Río de la Loza). Son como diez minutos caminando. Se ve una parte de Querétaro que pocos conocen, se ven unos ritmos de fachadas muy característicos de esa zona, unos colores que no están allá, en las calles de Ocampo ni Guerrero ni Allende. Se ve a la gente que siempre ha tenido su casa en el centro, para quienes es algo muy normal, no un fetichismo.
B: ¿Qué piensas de los que han caminado grandes distancias, como atravesar todo un país? Z: Caminar es un gran placer, y entre más íntimo, mejor. No hay que demostrar nada caminando.
B: ¿Qué se ve caminando que no se vea en auto o en bicicleta? Z: Primero, antes que ver, se aprende a caminar. Alguien que sepa caminar es alguien que sabe vivir en sociedad. Hay reglas para ser peatón, y son muy claras, sólo que no están escritas en ningún lado. Casi nadie las sigue, y eso a veces es molesto; es como cuando vas manejando y te rebasa un auto por la derecha o como cuando de repente te ves estancando en un embotellamiento. Caminar tiene los mismos riesgos y la misma cantidad de reglas que ir en automóvil.
De lo que se ve, pues se ve todo; ves los segundos pisos, ves lo que te haya llamado la atención, ves los detallitos que van formando tu imagen del lugar donde vives. Y también tienes que observar bien el clima pues te tienes que vestir de acuerdo a él, sobre todo los zapatos. Los que viven en casa, auto y oficina no tienen que pensar tanto en ello.
B: ¿Quieres ser siempre así? Z: No tengo ninguna intención de cambiar. Mientras pueda, seguiré tomando decisiones que me permitan no tener que tener auto. Caminar es pacífico; y lo opuesto a caminar es ir en auto. |
diciembre 14 09
Creo que es cuestión de costumbre. Hace dos meses me quedé sin carro y ha sido muy difícil hacerme a la idea, además de que gasto mucho en taxis. Como veo las cosas, terminaré acostumbrándome. No tengo dinero para un coche y tampoco tengo trabajo.
diciembre 15 09
Letras Libres publicó un artículo muy interesante de Álvaro Uribe, «Un peatón converso (el otro día)», que comparte tu punto de vista, ZaGo. http://www.letraslibres.com/index.php?art=14235
diciembre 21 09
Toda mi vida anduve caminando y en transporte público hasta hace dos años que manejo. Así como disfrutaba caminar, ahora disfruto manejar, es una actividad que me apasiona. aunque sí extraño algunas cosas como la privacidad de ir con uno mismo y nadie más y el conocer las calles de una manera diferente; cuando manejas no puedes ver todo lo que sucede en las calles, sólo vas pendiente al flujo de autos. Saludos!
diciembre 23 09
Yo también me quedé sin auto hace unos meses y ha sido en extremo difícil, más porque estamos acostumbrados a llevar una vida con un ritmo muy acelerado, donde hay muchas cosas que hacer en el día… el súper, la tintorería, la escuela, el trabajo, el banco, etc. ¡Y todo lo tenemos que resolver en un mismo día!
enero 13 10
A todos los que les guste caminar, les recomiendo este sitio: www.walkscore.com Ahí te dicen, por ejemplo, que el centro es 58% caminable.

