Jurica es una nación de exiliados
jueves
noviembre 12 09
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AI
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Jurica es una nación de expatriados. Inclusive los árboles tan omniscientes de sus calles, en su mayoría eucaliptos, provienen de tierras ajenas, extrañas. Esto se debe a que antes, hace ya muchos años, Jurica era un suburbio donde la vieja estirpe queretana acomodaba a ese bicho incómodo, el foráneo; ahora, las décadas han corrido y la creciente ciudad, esa entidad indiferente y sombría, ha devorado aquel pedazo de campo, lo ha deglutido e incorporado como otra de sus desdichadas partes.

 

Pero aquellos quienes, como yo, con anterioridad huimos, hoy decidimos quedarnos: fuimos víctimas del ostracismo pero encontramos, ya, un destino, con suerte el propio; hoy lo asumimos.

 

Se han quedado, además de hombres, aves, colores: todavía, en ciertas zonas de la colonia, al caminar de noche, partes del empedrado rústico se aprecian medio tono por debajo del azul cobalto, idéntico y sobrio matiz metálico que los soldados gringos apreciaban, enloquecidos, cuando la luz de luna arremetía contra las patas de las tímidas tarántulas Haplopelma lividum, color que emigró del bravo Vietnam exclusiva e inexplicablemente hasta Jurica; también se han quedado las lechuzas ceniza, que en las noches se tiran de un árbol a otro, pasajeras de esa calma desértica, una calma inquieta, para recordarnos que, ante la debacle, más vale apuntalar bien las raíces, y prepararse, así, para alimentar la tierra a la que en toda forma pertenecemos; quedan, a su vez, las mismas torcazas que hace años, cuando mi padre y yo por primera vez nos adentramos en ese territorio de engañosa normalidad, volaron sobre nuestro auto hasta oscurecer el día.

 

Aún quedamos todos los que encontramos el fin de nuestro peregrinaje en Jurica: nadie se ha marchado, por que la colonia de apariencia ordinaria guarda algo para el ojo atento: detalles, colores: un pájaro que vuela y parece una bolsa de plástico y que no es plástico sino lechuza; piedras negras que, bien vistas, son azules como la locura; torcazas que tienen fe en que su colonia sigue siendo campo. Por que la verdadera patria, la auténtica, sea de animales, de colores o de humanos, es nuestro pasado, el pasado al que nos arrimó la vida por puro capricho, y dicha patria, la cierta, resulta mucho más pequeña que el inmenso México: tanto, que podemos conformarnos con Jurica.

 

 

 

Jorge Degetau

Es un escritor que hasta hace poco vivía en Jurica. Colabora en distintas revistas como Letras Libres y Metapolítica. Ha publicado pequeños cuentos en El Laberinto y en La Jornada Semanal. Aunque ha perdido ya en varias ocasiones el Premio Herralde, el Alfaguara y el Premio Planeta de Novela, recientemente ganó el Concurso Nacional de Cuento de Humor Negro. Uno de sus pasatiempos preferidos es intercambiar pinturas por textos; aquí un ejemplo.


Categorias: Vida urbana  |   |  Comentarios [7]
jueves
noviembre 12 09
Comentario de Alejandro Alcocer
Los queretanos éramos gente afable, orgullosa, gente de bien. Estigmatizados casi siempre como mochos, apretados, poco sociables, a partir del 85 vimos cómo comenzaron a llegar miles de personas a nuestra ciudad, a las que ya no reconocíamos en el súper o en las fiestas, y que poco a poco, se integraron al desarrollo de Querétaro. Ahora sigue este proceso, decenas de nuevas colonias aparecen en los cerros y los queretanos de antes, los de tradiciones arraigadas, cada vez somos menos. Hemos de dar paso pues, a los nuevos queretanos y quedar nosotros como piezas de museo. Así es esto.
viernes
noviembre 13 09
Comentario de Samuel Hdz.
Ja, yo leo seguido a este tal Jorge Degetau en el blog de Letras Libres, no sabía que escribía aquí también.
viernes
noviembre 13 09
Comentario de Un juriqueño
Yo vivo en Jurica desde hace 22 años y, desde hace 22, la paso muy bien. He visto otras colonias que aparecen como si fueran lo más novedoso, lo último en la urbanización habitacional, y he visto que desaparecen o se descuidan o se encochinan o se derrumban, o se vuelven populares cuando querían ser elitistas. Y Jurica sigue ahí, quizá desde el Virreinato, cuando construyeron lo que ahora es el Hotel Jurica. Creo que en Querétaro hay sólo dos colonias por demás tradicionales: Jurica y el Centro.
martes
noviembre 17 09
Comentario de JDB
La verdadera patria es nuestro pasado; imagina qué patria tan bonita sería dejar Jurica y Oaxaca y hacerse una en Berkeley o en Oxford. Yo también sigo, no tan cerca como sería deseable, a este novel autor de las letras mexicanas.
lunes
noviembre 23 09
Comentario de Sol y mar
Me gusta mucho este blog, es uno de mis preferidos. Nos da información que nos es interesante, al igual que este blog: http://destinosinolvidables.wordpress.com/ Visítenlo.
lunes
noviembre 23 09
Comentario de P
El otro día leí por ahí que el pasado es un lastre. Que el recuerdo hace que el presente se vuelva insignificante y el futuro aterrador, porque en el pasado siempre recordamos los hechos y los lugares maquillados; siempre mejores. A mi me pasa eso. Mis recuerdos son siempre mejores que lo que sucedió en realidad. Lo sé porque cuando vuelvo a ver una película que recuerdo con mucho gusto, suele ser menos buena que en mi recuerdo. Tal vez deba volverme pesimista en el recuerdo. Y como dos de los comentadores anteriores, yo soy seguidora también de Jorge Degetau.
martes
noviembre 24 09
Comentario de Ni chilango ni queretano
Hablar de Jurica y Juriquilla como los lugares a donde llegan los chilangos es tan de mal gusto como hablar de los mexicanos que viven en las afueras de Los Ángeles. La migración es riqueza. Hay que dar un paso adelante y aprovecharla. El texto, sin embargo, es impecable; es poético. Gracias.
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