Viajeros Creando
lunes
septiembre 14 09
Publicado por
EdelaGdelaR
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¡Viajar! ¡Perder países!

¡Ser otro constantemente,

por el alma no tener raíces

de vivir viendo solamente!

Fernando Pessoa

 

Querétaro invitó a un grupo de artistas a que viajaran por el estado. Durante 13 días, se pasearon por el Centro Histórico de Santiago de Querétaro, volaron en globo aerostático, visitaron Tequisquiapan y Bernal, recorrieron la ruta del vino, anduvieron en cuatrimoto hasta llegar a un campamento ecoturístico, descubrieron las misiones franciscanas de la Sierra Gorda y descansaron en una hacienda de Amealco. Detrás de este viaje estaba la hipótesis «viajar inspira».

 

Después del viaje, los artistas (escritor, escultor, pintor, chef y fotógrafo) crearon una obra inspirada en su viaje por Querétaro; «Querétaro a través de la mirada de los artistas».

 

Este proyecto, titulado «Viajeros Creando», me recordó a otros viajeros que hacían de su viaje una obra de arte.

 

Alexander von Humboldt

El barón Humboldt fue un gran explorador, a tal grado que se le conoce como el padre de la geografía moderna. Viajó por Centroamérica y Sudamérica junto con Bonpland, logrando recopilar gran cantidad de datos sobre el clima, los recursos naturales, la orografía, la flora y la fauna de la región, etcétera.

 

Lo más interesante de Humboldt era su posición económica y social; una herencia que parecía inagotable y amistades como Schiller y Goethe. Inspiró y motivó a Bolívar a independizar Latinoamérica, en su viaje por Estados Unidos fue huésped del presidente Thomas Jefferson; en fin, Humboldt es la metáfora más fiel del viajero, un ejemplo de cómo se debe viajar.

 

Herman Melville

Hace unos 150 años, Herman Melville no era un escritor, era un marino; no era un literato, era un cronista; no era un novelista, era un viajero.

 

Antes de escribir lo que para muchos es la mejor novela estadounidense –el libro que a W. Faulkner le hubiera gustado escribir: Moby Dick–, Melville ya había viajado por los Mares del Sur, ya había desembarcado en Tahití, ya había vivido entre los caníbales de las Islas Marquesas; es decir, ya había leído el mundo –Melville no visitaba los pueblos, los mares, las ciudades; las leía.

 

«Benito Cereno –escribió Borges– sigue suscitando polémicas. Hay quien la juzga una obra maestra de Melville y una de las obras maestras de la literatura. Hay quien la considera un error o una serie de errores. Hay quien ha sugerido que Melville se propuso la escritura de un texto deliberadamente inexplicable que fuera un símbolo cabal de este mundo, también inexplicable».

 

Werner Herzog

Más que el cine, a Herzog le gusta viajar. En 1972, por ejemplo, se robó una cámara, huyó hasta los Andes y ahí, en medio de la selva Aguaruna, filmó una de sus mejores películas: «Aguirre, la ira de Dios». 35 años después, a los 65 años de edad, se fue a la Antártica, al fin del mundo. Si hay alguien que se merece ir a dirigir una película en Marte, ese es Werner Herzog.

 

La película que más me gusta de él es «Fitzcarraldo». La filmó en el Amazonas entre Brasil y Perú, donde, en medio de una densa selva, sólo se puede encontrar comunidades indígenas, salvajes, dengue, pirañas. Y ahí se metió con su cámara. Y no sólo eso, sino que hizo que un barco pasara sobre una montaña. Imagínense qué es pasar un gran barco de vapor por una verdadera montaña. Y más si es 1982 y la película narra una historia de principios del siglo XX. Y más si eres un alemán y estás en medio de la selva con todo tu equipo de filmación enfermo de dengue y no puedes comunicarte con los indígenas que te atacan y no saben por qué quieres atravesar un barco por una montaña.

 

«Además, acá es una obviedad –dice Herzog– no discutida que se subirá un barquito de plástico por encima de una colina dentro de un estudio, tal vez incluso en un jardín botánico que no esté muy lejos, por qué no San Diego, ahí hay invernaderos con buenas plantas tropicales. Dije qué son entonces las malas plantas tropicales y dije que la obviedad que no se discute es que tiene que tratarse de un verdadero barco de vapor sobre una montaña de verdad, pero no por una cuestión de realismo sino por estilizar un gran evento operístico».

 

Bruce Chatwin

Gracias a Chatwin, las libretas Moleskine se volvieron productivas. Chatwin es quizá el escritor de viajes por excelencia; viajaba por todos lados con su pequeña libreta, escribiendo aforismos.

 

La anécdota de cómo se convirtió en escritor de viajes es muy curiosa. Chatwin trabajaba para la compañía de subastas Sotherby’s. Su vista era tan aguda como la de mi amigo Héctor Muñoz, por lo que se especializó en el impresionismo. Vio esos puntos impresionistas hasta que, según él, perdió la vista. El oftalmólogo le dijo que no, que no estaba ciego, pero que sí dejara su trabajo; que dejara de ver tan de cerca todas esas pinturas y que se dedicara a mirar el horizonte. Y así lo hizo Chatwin; se volvió arqueólogo –según él– y se dedicó a viajar.

 

Etcétera

La lista de viajeros que crean es enorme: Joseph Conrad, Rimbaud, Darwin, Cees Nooteboom, Jack Kerouac, el Francis Ford Coppola de Apocalypse Now, Julio Verne, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, De Soto, Marco Polo, Magullan, Colón, Neil Armstrong…

 

Pero limitemos un poco la lista; sólo pueden entrar aquellos que hayan viajado por Querétaro y que hayan creado una obra inspirada en dicho viaje; es decir, Viajeros Creando.


Categorias: Literatura, Descubrimientos  |   |  Comentarios [3]
lunes
septiembre 14 09
Comentario de Maritere
Quiero creer que Borges viajó a Querétaro, de ahí que en «El Aleph» quedara escrita esa frase inmortal que reza: «Vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala». http://ldeletrasyliteratura.blogspot.com/2009/05/vi-un-poniente-en-queretaro-que-parecia.html
martes
septiembre 15 09
Comentario de E de la G de la R
Quiero creer, Maritere, que no importa si Borges viajó o no a Querétaro, por lo menos no importa para el cuento; la ficción se rige por otras leyes.
martes
septiembre 15 09
Comentario de P
No importa mucho si Borges vino o no a Querétaro; él era ciego. En realidad, no importa mucho si Borges no fue a ningún lado del mundo; él era Borges.
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